El síndrome UPA – YET


Todos aquellos que siempre trabajamos en verano estamos ya acostumbrados (o no) a que a finales de Junio empiece a cambiar el perfil del usuario del transporte público. Poco a poco, van desapareciendo los estudiantes, sobre todo los adolescentes, que ya no usan el metro y los autobuses. Hay menos mochilas, menos ruido de los cascos a todo trapo y más sitios libres (sobre todo si no hay pies encima del asiento de enfrente).

Ya a primeros de Julio, con la primera oleada de vacaciones, se nota una ligera bajada en el tráfico, que al menos sirve para apurar unos minutos en la cama o en casa después del trabajo. Viene Agosto, Madrid se vacía, el aire de los autobuses se vuelve siberiano, y los cuatro gatos que quedamos en el transporte público sonreímos, cómplices, acomodándonos en el asiento, eligiendo el que más nos guste o incluso saludando al paisano de enfrente, que ya es como de la familia. Un mes para nosotros, sin agobios, con el tráfico al mínimo, los cines vacíos y las calles tranquilas.

Pero atención, llega la última semana de Agosto. El corazón se acelera, la respiración, entrecortada, nos lleva a exhalar un suspiro premonitorio. Septiembre es lo peor. En estos días se sufre el síndrome UPA-YET.

¿Qué es el UPA-YET?. Fácil, léase por palabras: Usted Por Aquí, Ya Estamos Todos.

Se juntan los que vienen, demasiado relajados, que no se enteran de nada.

Se juntan los que, como yo, aún no se han ido, y reflejan la misma cara de espanto que servidor.

Se juntan con los que han vuelto y presumen de que se van otra vez.

Ya entrados en Septiembre, con tus nervios a punto de estallar, los ojos a cuadros y la tensión en Guadarrama, NO notas un incremento gradual en el tráfico, en la cola de los autobuses o en el metro. NOOOOOOOOOO. TODOS JUNTOS, A LA VEZ, EL MISMO DIA Y A LA MISMA HORA QUE TUUUUUUU.

El chaval que tiene un problema en la pierna, la señora que va a trabajar después de dejar al niño, la pandilla de los chavales de la escuela de FP que siempre se colocan al final, ocupando la última fila o la profesora de niños deficientes que siempre te saluda, porque se baja en la misma parada que tú desde hace años.

En fin, Pilarín, que el verano es muy bonito en Madrid.

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