Sobre el mensaje del Rey


Me gustaría comentar hoy el discurso tradicional de Su Majestad el Rey, con motivo de las fiestas navideñas. Otros años ha pasado de puntillas sobre algunos problemas que teníamos en España; esta vez me da la impresión de que se ha mojado en cosas importantes y que también afectan de lleno a la misma Casa Real.

Cuando al principio dice “quiero hablaros con sinceridad y realismo, sin rehuir los problemas que nos aquejan como sociedad”, está dando a entender que ahora sí que está con ganas de comentar todo aquello importante, que hace que la gente esté con mal humor y pensando que España tiene que cambiar en muchos aspectos.

Después hay un párrafo que pone la medida del resto de su discurso: “En este ámbito a mí me corresponde, como Jefe del Estado, animar a esas instancias a trabajar sumando voluntades, no restándolas; acercando posiciones, no distanciándolas; buscando avenencias, no rechazándolas. Animarles a trabajar con diálogo y altura de miras, con rigor y convicción”. Está claro que muchas de estas palabras son las mismas que otros años, ya que siempre está a favor del diálogo entre los diferentes organismos públicos y privados, e individuos. El matiz es que se suma a ello como Jefe de Estado. Esta referencia me parece importante, ya que piensa que es aún más necesaria que nunca la tarea de la Corona a favor de la representación de España en el exterior.

En “La crisis es internacional pero también tiene perfiles nacionales propios” intenta dar un tirón de orejas al Gobierno de Zapatero, que siempre habría defendido la imposibilidad de solucionar la crisis por ser exclusivamente internacional.

Una frase con la que NO estoy de acuerdo es “un Estado de Bienestar necesario para mantener la indispensable cohesión social que la justicia distributiva reclama”. Me parece que aquí está haciendo el juego a la banalización del Estado como benefactor y resolutivo de todos los problemas mediante el gasto desmedido. Eso de justicia distributiva me suena al socialismo más rampante, que es el que nos ha llevado a estas cotas de ruina económica y social.

  • “Me preocupa también enormemente la desconfianza que parece estar extendiéndose en algunos sectores de la opinión pública respecto a la credibilidad y prestigio de algunas de nuestras instituciones”.
  • “Todos, sobre todo las personas con responsabilidades públicas, tenemos el deber de observar un comportamiento adecuado, un comportamiento ejemplar”.
  • “Vivimos en un Estado de Derecho, y cualquier actuación censurable deberá ser juzgada y sancionada con arreglo a la ley”.
  • “La justicia es igual para todos”.

En estas frases apoya que la Justicia sea la que investigue y sancione los comportamientos delictivos que se hayan podido producir mediante el falso nombre de la Corona o la utilización personal de ésta para un beneficio particular. También hace referencia a que el desprestigio de la clase política y de algunos estamentos públicos da lugar a un cansancio de los ciudadanos hacia sus dirigentes.

De nuevo vuelvo a discrepar de parte del mensaje, cuando alude directamente a ETA y las consecuencias de sus actos terroristas. Mientras que al principio hace un reconocimiento de la sociedad española y vasca a favor de la paz (“la sociedad vasca y el conjunto de la sociedad española han defendido su libertad y sus instituciones desde la legalidad, con el sacrificio y la eficacia de las Fuerzas de Seguridad, la permanente y decidida acción de la justicia y la generosa cooperación internacional”), da una de arena cuando habla de la unidad de las fuerzas democráticas. Me gustaría recordar que es el Gobierno del PSOE el que permitió que ETA se presentara a las elecciones mediante partido interpuesto, mientras que ZP y sus secuaces negociaron con la banda mientras la sangre derramada estaba aún caliente y el ataque a las víctimas era constante día a día.  A continuación, vuelve SM a la senda correcta acordándose de las víctimas de forma clara con un sincero homenaje personal (“Nuestra sociedad tiene contraída una permanente deuda de gratitud con el sacrificio y el dolor de todas las personas que perdieron la vida, quedaron mutiladas, fueron extorsionadas o se vieron obligadas a abandonar su tierra”).

Al final, ya como colofón a un año plagado de noticias sobre la salud del Rey, él hace un guiño muy marcado, en la frase “quiero dar las gracias especialmente a tantos españoles que en los últimos meses se han interesado por mi salud, felizmente recuperada”. Después, abre la mano a su hijo, como sucesor, para que con tiempo vayamos acostumbrando a la sociedad a la mayor presencia de éste.

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