Relato de Moisés, hijo de Maimónides. (Relato de Tumbaollas – Colaboración Externa).


En el blog de Santiago González, de la que sabéis que soy más que asiduo, colgaron hace pocos días un relato de D. Eltumbaollas,  que quiero compartir con vosotros.

Soy Moisés el español, hijo del juez Maimónides, natural de Córdoba y desterrado aquí en El Cairo. He dedicado mi vida al estudio de la Tradición Hebraica, a la Filosofía y la Medicina. He intentado conciliar los Cinco Pliegos del Pentateuco con la obra de Aristóteles. Siempre pensé que repartía riquezas y era arena. He recibido honores y el respeto de los doctores y sabios del mundo y todo fue polvo.

Ahora, expongo algunos recuerdos. Desconozco si es el remordimiento o la nostalgia lo que me mueve a ello. Lo cierto es que añoro algunos sentimientos. Creí dominar mi orgullo y en verdad me aferré a él. ¿Es la vida del hombre siempre un fracaso? ¿Podría vivir sin este puñado de recuerdos de juventud? ¿Sin el amor?

Hace ya muchos años, la Córdoba de mi juventud, la perla de Al-Andalus, vivía su tercer siglo de luz y concordia; tres pueblos distintos se fusionaron para obrar el prodigio. En el centro de la ciudad estaba la judería; éramos pocos pero sus más antiguos habitantes. Aportamos el estudio de las ciencias y la capacidad de trabajar con la arcilla y labrar los metales. En el contorno vivían los musulmanes con su refinamiento del gusto y lo sutil de su goce del cuerpo y el espíritu; su arte de vivir, su ilimitada poesía y esa arquitectura del esplendor. En el extrarradio moraban los cristianos que a pesar de su rudeza, ni siquiera tenían escuelas salvo para sus clérigos, vertieron por doquier su pragmatismo y su buen sentido. Era mi Córdoba un sentimiento, una fuente de emoción, más, mucho más, que una ciudad.

Una mañana me dirigía a la Yeshiva a recibir mis lecciones del Talmud y la Torá cuando le vi por primera vez. La gente se apartaba para dejarle paso, inclinaban la cabeza y jamás recibieron el mínimo gesto de su parte. Caminaba con altanería árabe absorto en sus pensamientos. Vi más luz en sus ojos que en todas las páginas de la Ley. Tuve la certeza de que algo cambiaría en mi vida. Pregunté su nombre: Abulwalid Mohammed Ibn Ahmed Ibn Mohammed Ibn Roschd (Averroes). Al igual que yo, era hijo de un jurisconsulto. Su padre, juez de la comunidad musulmana, el mío de la hebraica. Maravilla o casualidad el caso es que de algún modo estábamos unidos.

Era joven como yo pero ya era un erudito en filosofía y medicina, profundo conocedor del Corán, gozaba del reconocimiento de su comunidad. Me sentí desdichado por ser tan poca cosa. Anhelaba poder hablarle y me dediqué en cuerpo y alma al estudio. Una tarde de otoño me planté en su camino. Me miró sin sorpresa, intercambiamos saludos de cortesía y comentarios banales. No hubiera sido correcto ir al objeto de la cuestión sin los preámbulos adecuados. Noté que olía a ámbar y me sentí turbado: desconocía que un hombre pudiera oler así.

Le propuse que me aceptara como discípulo suyo. Me contestó: “a pesar de que no seas creyente, digo como El Profeta, enseña a conocer al que tiene hambre y sed de conocer”

Tres veces por semana, tras la oración de la tarde, nos encontrábamos en el jardín de los naranjos de la mezquita. Comentábamos las obras de Aristóteles, leíamos a Galeno. Sus ideas heréticas me atraían poderosamente. ¡Blasfemaba y el cielo no se abría! Y lo hacía en la mismísima mezquita. Podéis imaginar cuán dichoso fui.

Un día me invitó a cenar. Más allá del puente romano había un molino cuyo propietario era un sucio bereber obeso. A las puertas del molino los carreteros esperaban turno de molienda jugando y discutiendo. De modo que el vil molinero se adjudicó la explotación de un serrallo público para solaz de los hombres.

Allí llegamos una tarde a la hora en que la sombra de un objeto mide el doble que éste. Nos sirvieron vino de Málaga, aceitunas, dátiles; música, danzas y más vino de Málaga. Comimos y bebimos hasta el clarear del alba. Entonces, del brazo me acompañó tras una cortina de seda. Al besarme, entre caricias, susurró –si te topas con el deseo no huyas de él–. Lo que sucedió después es sólo un recuerdo. Mi recuerdo.

Cuando llegué a casa, mi padre ya conocía todo lo sucedido. Dispuso que durmiera hasta el mediodía y que después partiera hacia Toledo a estudiar medicina con un pariente.

Nunca más volví a verle. Nunca más conocí el amor.

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10 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Sra de Billy Bod
    Oct 27, 2013 @ 20:53:31

    ¿Pertenece a alguna novela histórica? Me huele a que alguien más de la Argos está escribiendo cosillas bonitas, porque tiene un aire poético estupendo.

    Responder

  2. eltumbaollas
    Oct 28, 2013 @ 08:36:43

    Buenos días señores,
    no, no pertenece a ninguna novela histórica; es un relatito que escribí hace algunos años. Les agradezco sus comentarios y a H que lo haya considerado interesante para publicarlo en su blog. Para un hetero es complicado pensar en amor homosexual para ello me liberé de la parte homosexual y me centré en el amor y eso es común para todos los seres humanos. Querido H te enviaré el otro que publique en la Argos por si fuera de tu interés publicarlo aquí. Muchas gracias.

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    • hdayala
      Oct 28, 2013 @ 16:12:58

      Buenas tardes, D. Tumba.
      Si ud. lo manda, lo publicaré con mucho gusto.
      Todo lo que sea enriquecer el blog…
      Eso sí, ahora podré decir de quién es la autoría.

      Responder

  3. Sra. de BillyBod
    Oct 28, 2013 @ 14:39:39

    Conste que a mí el tono me ha gustado muchísimo. Y el tema se las trae, amigo tumbaollas, aunque creo que es más fácil visualizarlo en un ambiente de civilización refinada como el que describe que en los ambientes bárbaros que yo preendo reconstruir.

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    • hdayala
      Oct 28, 2013 @ 16:15:20

      Pues como D. Tumba me ha respondido, ya sabemos el misterio del relato perdido.
      Coincido con Sra. en que no es lo mismo una historia en un periodo turbulento que en momentos de placidez económico y/o social.
      En la Antigua Roma, en el renacimiento, o en Egipto, tenemos distintas épocas.

      Responder

  4. Vicente Torres
    Nov 02, 2013 @ 09:00:59

    Me ha gustado.

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