Relato TORMENTO Y AMOR – Colaboración de Tumbaollas.


Conozco el sabor de la victoria, lo amargo de la traición; sé de la lealtad y de la fe y no ignoro el dolor de la muerte.

También conocí el amor

¿Quién eres Gonzalo Fernández de Córdoba y Aguilar de limpio linaje godo?

¿Dónde está mi fortaleza?

¿Dónde está el héroe de Granada y Nápoles?

¿Dónde el Gran Capitán de Armas de los Serenísimos Reyes Católicos?

Recuerdo mi juventud como la de otra persona.

Quizá sean hechos que sucedieron ya a otros hombres y que se repetirán una y otra vez. Tal vez la historia de los hombres sea siempre la misma.

Era el año 852 de la Hégira, 1474 de La Cruz.

El Emir de Granada, Abû-l-Hasan’Ali sucumbió a los placeres de la joven esclava Zoraya, antes doña Isabel de Solís.

Desató la ira de su esposa, Aixa y comenzó así una interminable contienda dinástica que extenuó el Reino.

El Emir guerreó contra la desposeída Sultana Aixa y contra su hijo Boabdil con crueldad familiar.

Sí, cuán hábil fue mi Señor Fernando que pactó con Boabdil y con su adversario indistintamente, una y otra vez para así perpetuar la guerra en Granada y debilitar el deseado reino.

Sí, cuán hábil fue mi Señor Fernando que liberó a Boabdil El Chico, hasta derrotar a ambos y conquistar el último enclave musulmán de la península.

Dos veces tuvo mi Señor cautivo a Boabdil.

Conmigo.

Qué no daría yo por la memoria de aquellas noches cordobesas con Boabdil;

Sí, recuerdo que bebíamos, lentamente, leche tibia de camella mientras me afinaba mi rudimentario árabe. Me enseñó filosofía, medicina; conocía la obra de Aristóteles pero al igual que Averroes ignoraba el significado de una palabra, extraña para él: tragedia.

Yo tampoco la conocía entonces. La conocí muchas veces.

Qué no daría yo por la memoria de aquellas palabras; habla Boabdil un árabe puro que resbala con voz afeminada interminables argumentos.

Sí, recuerdo sus herejías:

-“¿Qué perversión ha de hallarse en amar lo que es igual a uno?

-¿Sólo admites el amor para la abominable réplica humana?”

Una noche me dijo:

-“Aterrorizas a mi pueblo y temes lo que hay en tu corazón”

Y más tarde:

-“Lo que Alá el Magnífico quiere es lo que sucede. Cúmplase su divina voluntad”-

Y aquella noche se cumplió.

 

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. viejecita
    Nov 05, 2013 @ 23:11:43

    Pues yo estoy viendo la segunda temporada de la serie “Isabel” ( que, ya siento, me parece mucho peor que la primera ), y al leer este relato, veo las caras , y escucho las voces de los actores que encarnan a los personajes del relato, con lo que lo disfruto aún más .
    Aunque Sergio Peris Mencheta , como Gonzalo Fernandez de Córdoba , no tiene ni media bofetada al lado de la voz que le da D.Tumbaollas . Ni tampoco el Boabdil de la serie parece más que un reflejo del que aparece en este cuento…

    Responder

    • hdayala
      Nov 06, 2013 @ 09:35:25

      La verdad es que D. Tumbaollas tiene una prosa muy interesante y curiosona.
      Independientemente de la Historia, es muy amena la forma de escribir y la temática.

      Responder

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