Evolución de los medios de comunicación tradicionales.


Estos días se ha conocido la destitución del director del periódico El Mundo, Pedro Javier Ramírez. Este hecho me lleva a reflexionar brevemente sobre los medios de comunicación en España y la forma en la que éstos analizan la situación de España y la suya propia en el cambiante mundo digital.
Desde hace varios años, y con motivo del desarrollo de Internet y de los nuevos medios de comunicación globales, cualquiera puede desarrollar contenidos en nuevos dispositivos (cada vez más fáciles de usar) y por un coste ínfimo.

Se ha producido un trasvase de información de los medios tradicionales (ya sea televisión o prensa escrita) a los nuevos medios, surgidos a partir de una facilidad para comunicar. Por todo ello, hemos asistido a una (r)evolución de los medios tal y como se han conocido siempre. La televisión, gracias a su inmediatez, la mezcla de la imagen, el audio y vídeo ha sabido adaptarse y a volcar en Internet y en los nuevos dispositivos móviles gran parte de su programación habitual o incluso nuevas formas de acceder a material inédito o con mejoras respecto al canal habitual.
A mi juicio es la prensa escrita, tanto revistas como periódicos, la que más está sufriendo de las consecuencias de esta nueva ola de comunicación.  Pese a tener sus propios portales de información con material diferenciado respecto a la hoja de papel, el periódico no ha sabido o no ha podido evolucionar de una forma precisa.

De esta forma, sólo la radio ha conseguido salvarse de la quema y permanecer tal y como estaba hasta ahora, aunque enfocada a un público que se informa cada vez más por otros medios alternativos e INMEDIATOS. Sólo hay que ver los perfiles de los periodistas y sus emisoras en las diferentes redes sociales, y la preponderancia que a veces les da a los oyentes que se comunican con ellos por estas “nuevas” vías.

En los últimos meses, y siempre debido a la crisis económica, se han producido dos cierres de periódicos que llevaban no mucho tiempo en circulación, Público y la Gaceta; en ambos casos, y pese a que la ideología de sus “clientes” era totalmente contraria, han caído por lo mismo: falta de liquidez, gran competencia en su mismo nicho de mercado y desidia a la hora de competir con los que son similares a ellos con contenidos diferenciados. Hay que tener en cuenta que en este mundillo la mayoría de los periódicos de tirada nacional (e incluso local y regional) llevan en el mercado más de 30 años.

Podemos decir, sin temor a equivocarnos demasiado, que los problemas que ha tenido La Gaceta, y El Mundo en sus últimos tiempos, han venido causados por el cambio de línea editorial; es legítimo, pero los compradores de prensa suelen adquirir un determinado periódico por cómo cuentan las noticias, con el sesgo ideológico incluido. En el caso de La Gaceta (y su terminal televisiva INTERECONOMÍA), el ataque reciente a las políticas llevadas a cabo por el Gobierno del PP ha sido determinante para el hundimiento del periódico. Asimismo, con El Mundo ha pasado algo parecido, pues muchos de los que han sido sus lectores lo han ido abandonando de forma paulatina.

En el caso de la destitución del director del periódico El Mundo parece que se han producido  varias razones:

  • Por un lado la crisis que afecta a dicho diario, en la que hay una gran malestar de su cúpula directiva debido a unas cifras de facturación muy por debajo de lo esperado (en línea con lo que ocurre con otros periódicos en España).
  • También hay gente que piensa en la mano negra del poder, tanto la monarquía como el gobierno actual,  y concluye que ha sido este último el que. ha maniobrado para quitárselo de encima.

¿Acaso después de tantos años, el director no ha tenido ningún fallo, ni los que mandan económicamente en el periódico no pueden (y deben) tomar una decisión sobre uno de sus responsables?.

¿No hay empresas que han perdido la confianza en alguno de sus ejecutivos o directivos después de tento tiempo?.

Aquí parece que es el poder el que se mete en todo: máxime cuando es un gobierno que siempre ha demostrado una incapacidad a “controlar o apoyar” a los medios que se supone que son de su cuerda o ideología.

Ya para concluir. Me produce una gran tristeza que en los cierres anteriores de La Gaceta y Público, como ahora con la destitución del director del Mundo, haya otros periodistas que se alegren del mal de esos compañeros, cuando en muchos casos supone la despedida de personas o la dificultad para mantener su puesto. En un futuro, puede pasarle a ellos. Ningún medio está libre de que le pase lo mismo.

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