DESPEDIRSE A LA FRANCESA


Siempre está bien recordar el porqué de esta celebración del Dos de Mayo en la Comunidad de Madrid

El Blog de José Blas Molina

          Poco a poco fue disipándose la niebla causada por los disparos de los cañones. Los granaderos franceses avanzaban cautos por el patio del Parque de Monteleón, desarmando a los militares que encontraban a su paso. Fuera solo quedaban los muertos de ambos bandos y aquellos heridos que no podían moverse. Entre ellos estaba el capitán Daoiz, al que los soldados imperiales habían sorteado, reconociendo en él, a pesar de la capa de polvo, las salpicaduras de sangre y su claro desvalimiento, una autoridad que les superaba.

          El capitán Daoiz conseguía mantenerse en pie gracias a haber trabado su pierna herida en el eje del cañón que hasta hacía poco había mandado, sujetaba firmemente su sable en la diestra, haciendo de él una ocasional muleta. La otra mano le servía para sujetarse firmemente al tubo de la pieza, como si temiera…

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